Fugaz – por Yuki Yshizuka
Harta del frío, decide caer. Se desliza con el viento. Siente como los pájaros cuando sobrevuelan.
El viento que la consentía, ahora la agrieta. Inaugura el vértigo.
Al ingresar a la atmósfera, una explosión de oxígeno la desorienta. Como hélice en caída libre, gira sin control. El cambio de temperatura le despoja el frío.
Rompe la velocidad del sonido. Atraviesa nubes, copas de árboles, irrumpe en la chimenea de una casa y se estrella contra el fuego.
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Cayendo al abismo. Parece que caer justo en la chimenea, justo en el fuego no es fortuito (veo el chisporroteo, las cenizas y el olor que oscilaría entre panceta quemada y yerba sapocada). O la cosa recupera el control e ingresa, o la cosa tiene su providencia.
No sé
por qué olería a panceta quemada?