La fea – por Iván Silvero
Era fea, muy fea.
Y en el vagón lleno, las camperas grandes, los bolsos al hombro, era la única cosa que quedaba por mirar.
Mala suerte, día pálido, final triste, vuelta con desgracia. La jornada laboral una pena, el frío hiriente, la lluvia burlona y en el tren apretado: una fea muy desagradable.
Yo quería llorar.
Límites – por Valeria Peroni
horizonte roza arbustos
muestra una sola cara
sumerjo un pie en el agua de los límites
una gruta, sus dientes, no comen la tierra alrededor
Como un perro andaluz – por Dea Maria
Una serpiente hizo correr a un caballo marrón. Primero sacudió la cola, elevó la pata trasera mostrando el casco izquierdo hacia un cielo de nubes cargadas. La cola se levantó de una, el resto del cuerpo se alzó. El caballo saltó y atravesó a la serpiente levantando pedregullo.
Fugaz – por Yuki Yshizuka
Harta del frío, decide caer. Se desliza con el viento. Siente como los pájaros cuando sobrevuelan.
El viento que la consentía, ahora la agrieta. Inaugura el vértigo.
Al ingresar a la atmósfera, una explosión de oxígeno la desorienta. Como hélice en caída libre, gira sin control. El cambio de temperatura le despoja el frío.
Rompe la velocidad del sonido. Atraviesa nubes, copas de árboles, irrumpe en la chimenea de una casa y se estrella contra el fuego.
La lluvia llegó – por Iván Silvero
Cuando descendimos los más viejos al alcantarillado el sol nos agrietaba, el brillo espejado de las paredes lastimaba las pupilas y el calor caía pajizo, seco, espigando el cuerpo, la cabeza como narciso. Con el mínimo de sombra bajo los pies y los ojos arenosos, escapamos al sumidero donde alojamos primero a nuestros hijos y luego los pies llagados.
El destino no te abandona – por Iván Silvero
Teníamos 9 y 11 años.
Descalzos, estábamos ahí únicamente para cumplir un mandato familiar. Mandato tácito y cíclico, uno que dice que en cada generación o cada tantos años hay que abandonar a alguno a la vera de la ruta. Ya un hermano mío había sufrido una vuelta a pata desde el arroyo. Y encima en la otra punta lo puteaban porque no bajaba a abrir el portón. Claro, si nunca había subido.
La Ciudad Blanca – por Iván Silvero
Esta afiebrada misión científica llega a su fin: el almirante Wajda ha enloquecido en el peor momento, delira en su camarote desde hace días, los cocineros Rubberman y el ancho Estrada, sudorosos, empuñan sin sentido sus cuchillos, los biólogos y naturalistas sonríen el sueño de la razón sin comprender el peligro, y yo, contramaestre Przekorski, veo a medusa con sus fauces abiertas brillar la peor de las sonrisas ahí afuera.
CONSPIRACIÓN – por Mariana Oeyen
El ombligo como conspiración,
hipnotiza de belleza,
redondo como anillos,
desata guerras que se recomponen en puntos grises
cuando manso
es ombligo inmaculado de tintorero
Uno mismo – por Deita
Kit confeso para tomar el té – por Nicolás Granada
La cuchara
La cuchara es un arma sin filo, pero doble. Catapulta doméstica, el niño la utiliza para aterrorizar a las mascotas. Éstas se cansan un día. Se reúnen en la cocina a medianoche, cuando la familia duerme, y deciden contratar un matón. Leer Más…


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